Hace poco navegaba por la red y me encontré con la noticia del descubrimiento de Cariclo. Os cuento.

Cariclo es un planeta menor que orbita aproximadamente a 2400 millones de kilómetros del Sol, entre Saturno y Urano, con un diámetro de 250 kilómetros y que pertenece al grupo de cuerpos celestes al que nos referimos como Centauros. Básicamente, otro guijarro enorme girando alrededor de nuestro Lorenzo.

¿Un pedrusco del montón? No. Este tiene anillos orbitando en torno a él. Y esto es algo que se supone que solo la gravedad de planetas gigantes como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno puede producir. Pues nada, aquí tenemos un pedrusco con un diámetro inferior al trayecto Madrid-Burgos desafiando a los primos de Zumosol del sistema solar, gritando en el vacío del espacio: “Eh, que yo también tengo anillos si me da la gana.” Maravilloso.

Porque mi reflexión para este simpático miércoles es esta: la historia de Cariclo es un remake de dimensiones cósmicas del mito de David y Goliat. Es otro ejemplo de cómo el más pequeño puede tener la capacidad de sorprender y de hacer algo que desafíe a los más grandes.

Tenemos que ser como Cariclo. Yo quiero serlo.

Jesús Flete Díaz, copywriter de dommo.

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