A veces somos propensos a cometer cierto tipo de error: el error de no hacer, para evitar el error; uno en muchas ocasiones se abstrae de actuar, con la ilusión de que si no actúa no se equivocará. Y aunque, en algunas ocasiones abstenerse de obrar puede ser sensato, cuando esto es fruto del miedo al error puede ser fatal. Tomar el riesgo del error para concretar nuestro anhelo más genuino, aun en las pequeñas cosas, es lo que nos hace crecer y tener una visión diferente del mundo.

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Según la RAE, se denomina error a todo juicio o valoración que contraviene el criterio que se reconoce como válido. Es decir, si el criterio está equivocado, lo que se consideró error, automáticamente deja de serlo. Así que, también puede depender del color del cristal con que se mire. Y si nos movemos en un mundo, como el publicitario, en que no hay muchas valoraciones objetivas, ese “criterio válido” puede ser bastante fugaz. Creo que aquellas ideas que miran a la cara al error, o que suscitan en nosotros cierto nerviosismo - serán buenas idea o directamente una catástrofe - nunca deben abandonarse, ya que son el camino a seguir puesto que la genialidad y el error van íntimamente ligados. Y si no, que se lo pregunten a un gorila tocando la batería.

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Por ello me gustaría hacer un homenaje al “error”, porque sólo el que piensa en esa dirección puede ser verdaderamente diferencial, encontrar caminos nuevos e ir un poco más lejos que el resto. Quedarse anclado en un punto por miedo al error, lo único que produce es mediocridad.
¡Atrévete a errar! ¡Atrévete a confundirte! El error forma parte de ti.
Disfrútalo.

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