A veces pienso en la relación que tenemos con la publicidad como si fuera una pareja. Cuando la conoces te enamoras perdidamente. Pasas el tiempo pensando en ella. Normalmente tu familia no lo entiende. Eres un bicho raro: trabajas gratis y te parece normal. Tus compañeros de trabajo se convierten en tus mejores amigos. Ella llena tus días y tus noches.

Al cabo de un tiempo empiezas a ver sus defectos. Un día te hace sentir genial, al siguiente te decepciona. Pero los buenos momentos superan a los malos, así que sigues entregado. Eso sí, vas necesitando más momentos para ti, porque sientes que te está absorbiendo la vida. Tu entorno sigue sin tragarla mucho, quizá porque les has dejado tirados más de una vez y más de dos por estar con ella. Ya no te molestas tanto en excusarla porque sabes que en el fondo llevan algo de razón.

Hay que superar crisis, solo que estas se dan día tras día. Es una caprichosa. Lo que le gustaba ayer, hoy le resulta aburrido. Y tú debes intentar averiguar lo que le gustará mañana o te dejará en la cuneta. ¡Con todo el tiempo que le dedicas y así te lo paga!

Entonces empiezas a dudar de si estáis hechos el uno para el otro. Quizá lo mejor sería separarse. Pero estás enganchado, aunque no lo quieras admitir. Necesitas salir de la rutina, recuperar la diversión, encender la chispa de nuevo. Y para lograrlo hay que esforzarse. Pero cuando algo te importa, haces lo necesario para que funcione de nuevo. Y resulta que cuando te vuelcas, la muy… te regala un momento de los buenos de verdad. Y te re-enamoras.

El mundo de la publicidad está formado por personas y para que la relación se mantenga todos debemos poner de nuestra parte. Las crisis se superan. Pero debe haber un equilibrio para que no termine en un “Tenemos que hablar”.

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